Es importante tener presente que para congelar y descongelar alimentos se deben seguir ciertas normas básicas. Estas reglas nos permitirán el perfecto almacenamiento de los alimentos durante el máximo tiempo posible.
Las normas de refrigeración de los alimentos pueden ser distintas para cada uno de ellos, ya que no todos los productos responden del mismo modo ante el proceso de congelación.
La congelación de la carne:
La carne es uno de los alimentos que mejor resisten la congelación, puesto que mantienen perfectamente el sabor y apenas pierden nutrientes durante el proceso. En la actualidad se puede congelar cualquier tipo de carne siempre que sea cruda, de buena calidad y esté fresca. Antes de proceder a la congelación es recomendable que refrigeres la carne durante un tiempo: la ternera 48 h, el cerdo 24 h, las aves grandes 12 h y las pequeñas 6 h.; y que elimines al máximo las partes no comestibles (grasas, nervios, tendones, huesos, etc.)
Cada alimentos necesita un almacenamiento y refrigeración diferentes:
- Las carnes de cordero, cerdo y los embutidos frescos deben ser comprados y congelados preferiblemente en invierno.
- El pollo sólo se puede congelar entero si pesa menos de dos kilos, en caso contrario conviene trocearlo.
- Para congelar aves y caza, éstas deben estar limpias y perfectamente evisceradas. Los menudillos o despojos de estos animales deben congelarse independientemente, puesto que el tiempo de nunca debe sobrepasar los 3 meses.
- Para congelar carne con huesos, como las chuletas, es aconsejable envolver las puntas con papel de aluminio para que las aristas duras no perforen el propio empaquetado.
- Si se congela carne cortada en chuletas o filetes, es necesario intercalar una hoja de plástico flexible entre trozo y trozo, de esta forma se evita que se peguen unos a otros.
Para la descongelación, deberás sumergir la carne embalada en una olla con agua a temperatura ambiente. Cuando el agua quede fría, deberás renovarla hasta lograr el descongelamiento total.
Tiempos de conservación:
- Carnes de vacuno: hasta 12 meses
- Pollos, caza...: hasta 10 meses
- Cordero: hasta 8 meses
- Cerdo: hasta 6 meses
- Despojos, callos...: hasta 3 meses
- Carne picada: hasta 2 meses
La congelación del pescado:
Si quieres congelar el pescado de una pieza debes descamarlo bien, quitarle las entrañas y limpiarlo a fondo. Este proceso también se aplica a las sepias, los calamares y los pulpos. Aprovecha cuando esté medio descongelado para filetearlo o cortarlo en rodajas, te resultará más fácil.
Para almacenar este alimento en rodajas o filetes, debes intercalar una hoja de papel de aluminio o de plástico flexible entre una pieza y otra. El envoltorio más aconsejable es el papel de aluminio o film transparente.
Tiempo de conservación:
- Pescados magros: hasta 6 meses
- Pescados grasos: hasta 3 meses o más (depende del pescado)
La congelación del marisco:
Las normas de refrigeración de este alimento varían en función del tipo de marisco, aunque en general te recomendamos que únicamente congeles marisco recién capturado.
Los crustáceos (gambas, langostinos, langosta) se conservarán mejor si antes de la congelación los hierves brevemente. En el caso de la langosta, este hervor previo es prácticamente obligatorio. En cambio, si quieres congelar crudos los langostinos y las gambas, deberás separar las cabezas.
Los crustáceos de grandes dimensiones, como los centollos y los bogavantes, puedes congelarlos indistintamente crudos o cocidos, ya que siempre ofrecen la misma calidad que si fuesen frescos.
Si quieres congelar mariscos con concha (almejas, berberechos, ostras…) deberás retirársela previamente. Los envoltorios más recomendables para la el almacenamiento de este tipo de alimentos son los recipientes rígidos, las bolsas o el papel de aluminio. Para la descongelación debes ponerlo a hervir en agua en sal durante unos tres minutos, y puedes utilizar la misma agua para dejarlos enfriar.
- Mariscos: hasta 3 meses
Comidas con salsa para congelar:
En principio puedes congelar todo tipo de salsas, a excepción de aquellas que contienen harina u otras féculas, puesto que éstas tienen tendencia a fermentar y no responden bien a su congelación.
Las salsas a base de nata, por ejemplo, tienden a cortarse cuando se congelan. Lo ideal es que el almacenamiento de estos alimentos lo hagas de forma independiente a los alimentos que acompañarán. Una vez preparadas, déjalas enfriar y guárdalas en recipientes o bolsas de plástico con cierre hermético.
Cuando quieras congelar salsas, con sus correspondientes platos de carne o pescado, te aconsejamos que utilices envases semi-rígidos de plástico o de papel de aluminio.
La congelación de la fruta:
Una de las grandes ventajas de la refrigeración de este alimento es que te permite comer frutas estacionales durante todo el año.
Es importante que las frutas sean frescas, maduras y de buena calidad. A la hora de congelarlas tienes varias opciones; congelarlas crudas al natural, envueltas en azúcar o en jugos, o cocidas como compotas, jaleas, purés o incluso zumos.
Los procesos son muchos, pero la preparación es la misma, la fruta se pela y las semillas se retiran.
Las frutas pequeñas son las que mejor responden a la congelación (fresas, cerezas, frambuesas, arándanos…). Para ello, límpialas con un paño húmedo y precongélalas en un recipiente hasta que estén duras. Seguidamente, colócalas en bolsas de plástico herméticas para proceder al almacenamiento del alimento en el congelador. Aumentarás su dulzor, añadiendo un poco de azúcar (20g de azúcar por 100g de fruta).
Las frutas medianas (melocotones, ciruelas, albaricoques…) deben hervirse unos 2 minutos antes de congelarse. Para un mejor resultado, es conveniente que también les retires la piel y les elimines el hueso cortándolas en dos trozos. Guárdalas en el congelador en recipientes de plástico. Es recomendable que las cubras en un almíbar frío.
Realiza la descongelación en el refrigerador.
La congelación de las verduras:
La mejor forma de consumir hortalizas, verduras y legumbres es al poco tiempo de ser recogidas, evitando de esta manera que el proceso de maduración acabe con sus vitaminas y minerales. Con la refrigeración conseguimos detener este proceso y mantenemos su frescura.
El primer paso para congelar vegetales es limpiarlos a fondo y trocearlos. Seguidamente, debes precocerlos en agua hirviendo (1/2 kilo de verduras por 2 litros de agua) durante 2 o 3 minutos. Es aconsejable que pongas un chorrito de limón o vinagre en el agua para evitar el ennegrecimiento. Después deberás escurrirlos y enfriarlos con la mayor rapidez. Para ello, puedes sumergirlos en otro recipiente con agua helada, incluso con algunos cubitos. Luego se vuelven a escurrir y ya puedes empaquetarlos para su congelación.
Para la descongelación, ponlos a hervir.
Tiempo de conservación:
- Hortalizas: hasta 12 meses
La congelación de pan y repostería:
El pan puede ser congelado cocido, pre-cocido o crudo, e incluso se puede congelar la levadura. Puedes conservarlo entero o en rebanadas, con una hoja de papel de plástico flexible entre ellas. La descongelación puede hacerse en el horno o a temperatura ambiente.
Para congelar pasteles o tartas en general, espolvorea el fondo del pastel con más pan rallado para que no se moje. Si llevan fruta, cúbrela con una capa de pasta ligeramente dorada en el horno. Se aconseja descongelar a temperatura ambiente.
Las preparaciones tipo pizzas o crêpes, se congelan preparadas, pero sin el queso, si éste no forma parte de sus ingredientes.
Tiempo de conservación:
- Tartas y pasteles horneados: hasta 6 meses
- Pan y bollos: hasta 3 meses
- Pan corriente: hasta los 3 meses
- Pan dulce o salado: hasta los 2 meses
- Masa cruda: hasta 1 mes
La congelación de los lácteos:
Puedes congelar cualquier tipo de leche. Si al descongelarla se separa la nata, basta con que la pases por la licuadora.
Para congelar la ricota deberás mezclarla con manteca, leche condensada, crema de leche u otro ingrediente que le de unión para la congelación.
La descongelación más indicada para los lácteos, pasa por ser un proceso lento y colocar el producto dentro del refrigerador.
Tiempo de conservación:
- Manteca y leche: hasta los 8 meses
- Quesos: hasta los 6 meses